"Transformación humana y empresarial
hacia estados más elevados de conciencia."

Al igual que muchos nací en una familia con una religión, que marco mi niñés y juventud.  Durante muchos años fui católico; incluso atravesé un período de discernimiento vocacional con la intención de consagrarme a la vida religiosa. Con el paso del tiempo algo comenzó a resquebrajarse en mí. El día en que ya no pude rezar el Credo con verdad —porque no creía ni siquiera en la mitad de lo que estaba “recitando”— comprendí que, más allá de que la Iglesia aún me consideraba católico por el bautismo, interiormente ya no lo era.

Luego vino una larga noche oscura del alma. Renegué de Dios y de la Iglesia. Creí estar enojado con un Dios inexistente, o peor aún, con uno que, de existir, me parecía distante e indolente.

Todo comenzó a transformarse cuando llegaron mis primeras experiencias místicas.

Desde ahí partió una búsqueda larga y constante por comprender y tomar consciencia de cuáles eran realmente mis principios desde el punto de vista espiritual. 

Si el Credo, que es la base del catolicismo, se desarrolló a lo largo de años de disquisiciones —partiendo alrededor del año 215 con La Tradición Apostólica de Hipólito de Roma, pasando por el Concilio de Nicea en el 325 y el Concilio de Constantinopla en el 381—, no era de extrañar que a mí me tomara varias décadas definir mi posición frente a los temas espirituales. 

Estoy seguro de que en este ámbito aún me queda mucho por recorrer y, sin embargo, veo que ha llegado el momento de escribir sobre aquello en lo que hoy sí creo.

Te cuento lo que yo creo...

 

Los seres humanos, desde distintos credos y culturas, le hemos dado innumerables nombres a la divinidad, tales como Dios, el Señor, el Cósmico, el Gran Arquitecto del Universo, la Mente Cósmica, Yahveh/Jehová, Elohim, Adonai, Alá, Ahura Mazda, Shangdi/Tian, Shiva, Ngai, etc. Para mi todos son válidos, pues son un intento humano de nombrar aquello que somos incapaces de conocer en plenitud.

  • Creo que existe una “entidad superior” o “divinidad”:  Que hoy podríamos llamar energía, porque es un concepto que podemos comprender; sin embargo, es completamente incognoscible e inaccesible para nuestras capacidades humanas. Por ello, debemos inevitablemente conformarnos con que, por mucho que nos esforcemos en conocerla, no lograremos —al menos desde este lugar en el que estamos hoy— conocer toda la “verdad” respecto a lo divino.
  • Creo en la omnipotencia, la omnisciencia y la omnipresencia: Sólo podemos acceder al conocimiento de lo divino de manera parcial, mediado por nuestra experiencia humana y condicionado por los límites de los sentidos y de la consciencia. Asumiendo esto como base, creo en los atributos divinos de la omnipotencia es decir, que se trata de una entidad que posee todo el poder, la omnisciencia, que “sabe” todo y la omnipresencia,  que está siempre presente.
  • Creo que la divinidad ha creado el universo cognoscible con el fin de evolucionar ella misma, y que para ello cada ser humano evoluciona también.
  • Creo que somos seres espirituales (almas) viviendo una experiencia humana para la evolución (o purificación) de nuestra propia alma, como dirían los seguidores de Pitágoras, transmigrando de una vida a otra.
  • Creo que somos auto responsables de nuestros actos, así como de las consecuencias de estos, los que repercute en esta vida y/o en otras vidas de nuestra propia alma.
  • Creo que podemos acceder a “energías, conocimiento y leyes naturales” que nuestra capacidad cognitiva actual no es capaz de explicar, tales como los campos “energéticos”, el inconsciente personal y el inconsciente colectivo, la comunicación entre almas (encarnadas o no) entre otras muchas.
  • Creo que podemos ser manifestación y/o emanación de lo divino; es decir, que existimos “dentro” de la divinidad misma —una mirada de carácter más panteísta—, sin descartar que seamos únicamente una emanación de ella, ya que ambas perspectivas no son más que intentos humanos de explicar aquello que resulta incognoscible según la naturaleza de nuestro Ser.
  • Tengo la convicción de que lo divino no puede ser comprendido como un ser con emociones humanas. No se alegra ni se enoja, no castiga ni recompensa, no elige ni rechaza. Toda lectura antropomórfica surge de nuestra necesidad de comprender aquello que nos trasciende.

Escribo esto para establecer los lineamientos de mi pensamiento actual y, si es posible, ofrecerlos como puente a quienes, como yo, transitan el camino del libre pensamiento y la búsqueda constante de la verdad.

Juan José Irigoyen Riquelme

Soy un alquimista de la vida. Aunque mi formación es de Químico y mi oficio ha sido en el mundo de los negocios, mi vocación es la de un filósofo y librepensador que impulsa transformaciones desde el interior desde el Misticismo.

Mi camino no ha sido una línea recta, sino una constante e incansable búsqueda de sentido. Si bien comenzó temprano, una profunda experiencia mística en 1999, justo en el umbral del nuevo milenio, lo cambió todo. Ese momento redefinió mi existencia y me lanzó a explorar con mayor empeño las grandes tradiciones de sabiduría universal.

Mi carrera profesional se transformó entonces en un laboratorio, el lugar donde fusioné la práctica con lo místico. De esta alquimia surgieron mis libros, que buscan tender un puente entre la conciencia y la acción.

El llamado interior fue creciendo hasta convertirse en mi foco principal. Así nació Misticismo para el siglo XXI, un espacio que surgió de manera natural, tras guiar meditaciones por años después de profundos momentos de crisis social y pandémica.

 

Hoy, mi propósito es claro: acompañar a otros buscadores a trazar su propio camino hacia una vida con sentido y una paz interior verdadera.

 

Un Camino Posible

Empece a escribir “El equilibrio de la felicidad, un camino posible” el 2009 después de preguntarme porque había que leer tantos libros para dar con algo aparentemente tan simple, decidí desarrollar un material motivacional para “los más pobres entre los pobres”, partiendo de la base que si estaban en una hospedería, no había mejor lugar empezar a salir adelante, pues “cuando se toca fondo de la piscina, solo cabe una opción, usarlo para impulsarse hacia la superficie”.
En 2011 empece, sin afán de lucro, a usar su material de motivación con profesionales, creando  Interconectados S.A. , de a poco se da la oportunidad de juntar mi experiencia en ventas, con la motivación, y cree un programas de entrenamiento para empresas que ha tenido mucho éxito entre las más de mil quinientas personas que los han tomado, impulsandome a escribió la metodología en mi libro «Vender no es un Arte».  

Durante el primer semestre de 2020 en medio de la pandemia más de 1500 personas tomaron en forma gratuita la formación en ventas basada en este libro,. En Agosto de 2022 fue publicada la Tercera Edición  «Vender desde la consciencia».